En el presente escrito esgrimo la principal demanda ciudadana vista como opinión pública sobre la necesidad de establecer un mecanismo de reelección legislativa para que exista el incentivo de aceptación responsiva del representante electo ante su electorado (como coloquialmente se establece, que el diputado/senador regrese al distrito), para enfatizarlo como condición necesaria más no suficiente ante la consecución del objetivo planteado.
El mecanismo de reelección en las cámaras legislativas se presenta como condición necesaria para la rendición de cuentas, profesionalización de los legisladores y la responsividad ante el electorado en el distrito de elección, pero ¿será suficiente? Ante el actual panorama nacional donde se pretende mostrar un interés de apertura por parte del sistema político y las élites políticas del país, frente a una presión ciudadana que exige una actitud de respuesta y responsabilidad por parte del representante electo ante su electorado, es importante señalar que en ocasiones, la mayoría del tiempo, los políticos no ceden ante el electorado.
Retomo los argumentos de atención de Jacobs y Shapiro (Politicians don´t pander), no para responder a la suficiencia o no del mecanismo reeleccionista sino para establecer un punto enfático que en la mayoría de las ocasiones se omite. Situándonos en el marco institucional que permita la reelección, los políticos desean dos cuestiones, y no una nada más como en repetidas ocasiones se enfatiza en la modelación del individuo racional: llevar a cabo sus políticas públicas preferidas y por supuesto ser reelectos. No son dos momentos de elección sino uno mismo en el que se establecen las aspiraciones y decisiones de los políticos que determinan su acción electoral y su quehacer político.
Los políticos responden a la opinión pública de dos formas: una es en la que la utilizan para hacer política pública, que generalmente se hace cuando hay una elección cercana (como por ejemplo la actual política de seguridad a los pocos días de la toma de posesión en año electoral 2006, o bien la actual reforma política que aparece después de las elecciones intermedias en 2009 con evidentes miras hacia la elección del 2012), y en la que los políticos ceden sus puntos ideales con la intención de ser reelectos, o en el caso actual que sus partidos sean electos, es decir, se cede ante la opinión pública; la otra es cuando los políticos usan a la opinión pública con la finalidad de moverla hacia sus puntos preferidos de política pública, realizando una simulación de responsividad o de respuesta que eleva los costos de monitoreo de las posiciones ideales de los representantes por parte del electorado que eventualmente realiza el voto de castigo.
Los políticos quedan desatados por largos períodos no electorales para manipular las demandas ciudadanas e intentar llevar a cabo su punto ideal de política pública. Si lo que se busca es rendición de cuentas y respuesta ante la ciudadanía y sus demandas, habría que señalar que la calidad de respuesta ante el electorado se ve minada por la falta de confianza en gran medida ocasionada por el éxito de la imposición de puntos ideales de políticos que no ceden ante la ciudadanía.
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