
Los Bolcheviques
Paco Ignacio Taibo II
Resulta agradable encontrar libros extensos, críticos y bien documentados que representan una gran labor de investigación, pero sobretodo que reflejen pasión por el tema, por la escritura y por la historia. Encontré un libro así en Los Bolcheviques.
Es muy complicado no retomar las primeras líneas del libro (que reflejan fielmente la intención del autor con la progresión de la obra) al momento de realizar un breve esquema sintético de éste.
“Esta es la historia de un grupo de militantes que pretendieron ser la vanguardia de una clase trabajadora, y no lo lograron. Es también la historia de un espejismo, el de la Revolución Rusa vista en el valle de Anáhuac cuando se encontraba realmente a millares de kilómetros de distancia. Es, por tanto una historia claramente marginal. Aquí se habla de un millar de ciudadanos.”
Es con éstas palabras con las que se inicia el relato de la aventura de un grupo de individuos singulares e interesantes que los une la peculiar idea de crear un Partido Comunista en México. Es también con estas palabras con las que se dota de una motivadora portada al libro, dado que estas mismas son el exterior que reflejan fielmente el interior del libro.
Las preguntas que generan la historia narrativa del origen del comunismo en México pueden llegar a ser no tan interesantes como la que se plantea el autor desde el inicio de su obra, y ésta es ¿de quién es ésta historia?
Ésta historia es la de un grupo pretensioso marcado por la derrota y la negación, es la historia del lector y de todos aquellos que conformamos la realidad nacional, así como todo aquello que nos una a ésta historia familiar sumidos en la subjetividad del estudio de la historia, de esta historia. La idea que une a estos ciudadanos, “la mayor parte de ellos obreros y campesinos, de los cuales un par de centenares tiene nombre, apellido, trayectorias, manías, vocaciones heroicas o ridículas, pasiones y gustos”, es el espejismo de la revolución de octubre, la cual ven pero no logran alcanzar jamás, a pesar de los esfuerzos por entablar relaciones con el Partido Comunista en Moscú de manera directa e indirecta, a veces viéndose inmiscuidos en conflictos tan marginales (como esta historia) como la pérdida y búsqueda de joyas o participando en debates interminables que los terminen dividiendo por trivialidades como la añeja tauromaquia, o uniendo en pos de la defensa de la también añeja prostitución.
La historia está marcada por crisis, entendidas como momentos de decisión ante alguna problemática. Cada renovación de dirigencia del partido y sus objetivos se lleva a cabo a través de éstas crisis. El nacimiento del partido es también un momento de crisis, una crisis de identidad ante el espejismo ruso y la materialidad de la revolucionaria mexicana, que para algunos resultó corta y traicionera, y para otros una tarea interminable de trabajo, pasión y esfuerzo nacional. Entre crisis y a través de la significativa documentación de la obra es posible avistar éstas pasiones, gustos, manías y vocaciones de las que nos advierte Taibo II desde el principio de la obra. La singularidad de los extranjeros que se mueven en el círculo del partido y sus relaciones con sus tierras y con México hacen resaltar el carácter pretensioso en la viva pasión por el partido comunista, mientras que los connacionales se mueven a lo largo de las líneas de los movimientos obreros en distintos puntos de la geografía nacional hacia el final del período armado de la Revolución Mexicana, esto sin que el autor haga de la obra una obra del movimiento obrero en México, que aunque lo menciona y ahonda en él de manera explícita no hace suyo el tema, lo que pasa de igual forma con el tema agrarista y las luchas de los agraristas y del agrarismo mexicano.
Los Bolcheviques es una invitación a ahondar en la historia, que es de todos, nadie es dueño de la historia más que de la propia. De igual forma permanece una invitación a lo largo del libro a continuar investigando, al acercamiento a la historia en este caso del inicio del partido comunista que pareciera un llamado a las fuerzas políticas de izquierda en México por realizar un autoconocimiento a través de la crítica y transformarla en práctica, para no tenerla como un vago recuerdo sino como algo que es propio y que no es de nadie. Y no solo un llamado a la izquierda sino a todo aquel que no se basa en la reflexión y la creencia para sobrellevar de los momentos de crisis, como lo hicieran en el margen este millar de ciudadanos.

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