viernes, 5 de junio de 2009

EL POSIBLE IMPACTO DE LA EPIDEMIA DEL VIRUS A H1-N1 EN LAS ELECCIONES INTERMEDIAS DE JULIO DE 2009 EN MÉXICO.

En el texto de Achen y Bartels, se plantea que los votantes castigan al incumbent por tiempos difíciles. Establecen las acciones del electorado en consecuencia de la racionalidad o ignorancia de ellos. Argumentan que el hecho de cambiar administradores incompetentes por alternativas más capaces representa un activo bien informado y racional, mientras que argumentan que los votantes que votan frustrados son ignorantes.

En su introducción aclaran que cuando hay algún infortunio en la sociedad alguien debe de tener la culpa, a lo que se sigue la atribución de ésta al incumbent, por lo que el votante ejerce el voto de manera frustrada e ignorante de acuerdo con los autores.

En la visión de los autores la teoría del voto retrospectivo cuenta con la virtud de requerir menos de los votantes que otras concepciones de la democracia. En particular apuntan la noción de que ciudadanos ordinarios votan sobre la base de preferencias detalladas sobre cada asunto que pudiese presentárseles a sus futuros líderes. Como Fiorina lo apunta “No necesitan conocer las políticas precisas económicas o de relaciones internacionales de la administración en turno para ver o sentir los resultados de esas políticas… para saber cuando los incumbents se han desempeñado adecuada o pobremente, los ciudadanos solo necesitan calcular los cambios en su bienestar”.

Los autores hayan una dificultad en el proceso de trasladar las evaluaciones de los cambios en su bienestar en evaluaciones del incumbent. Por lo que se preguntan si los votantes aciertan cuándo los incumbents se han desempeñado adecuada o pobremente con el simple cálculo en del cambio en su propio bienestar.

Existe un cuestionamiento en el artículo para con la supuesta habilidad del ciudadano ordinario para realizar una crítica a la vida pública, escuchar las propuestas de cambio que vienen de los contendientes por el cargo, y después escoger entre los candidatos de acuerdo con sus propios valores. Los autores piensan que dichos ciudadanos son escasos. Concluyen que los votantes entienden poco más allá del dolor y placer de su comunidad, y piensan acerca de causas y efectos en la medida que la cultura popular les advierte de ello.

Los votantes pueden conocer muy poco, pero pueden discernir entre un buen y mal gobierno. Cuestionan a la retrospección como una característica natural y racional de la política democrática, debido a que la consideran natural más no le lanzan del todo de racional.

Apuntan que los votantes reales frecuentemente cuentan con un entendimiento vago y más o menos primitivo de las conexiones entre las acciones del incumbent y su propio dolor o bienestar. Como resultado, dicen, el voto retrospectivo racional es más duro de lo que parece, y la retrospección ciega a veces produce patrones de premios y castigos electorales.
La retrospección ciega es consecuencia inevitable de las limitaciones cognitivas humanas para los autores. Concluyen que cuando los inevitables tiempos duros aparecen, la tragedia puede ocurrir, esto es, el castigo al incumbent por algo que queda más allá de éste, como la epidemia del virus A H1-N1 en México.

En el artículo argumentan que los castigos pueden deberse a que las acciones del gobierno para evitar ciertas circunstancias naturales, fueron insuficientes y pobres, o bien que las acciones emprendidas para aminorar el impacto de las circunstancias naturales no fueron las adecuadas.
Denoto un rompimiento con el esquema de racionalidad del texto para hacerlo más extenso, y no limitarlo a las valoraciones con información perfecta que se empieza a asumir al principio del citado. Retomo la definición de la retrospección en Fiorina para entablar crítica y análisis con respecto al impacto en las elecciones del 2009 de la epidemia de influenza. Pienso que los ciudadanos, que no cuentan con información perfecta, por definición de sus acciones individualizadas en sociedad, realizan cálculos sobre una base regular diaria sobre cambios constantes en su bienestar a causa de diversos motivos, entre ellos, las acciones políticas y de la naturaleza.

El hecho de que los ciudadanos en una democracia calculen su nivel de bienestar de acuerdo con sus preferencias y en el contexto de su núcleo comunitario, y posiblemente más allá de este, no es condición necesaria ni suficiente para obviar el carácter racional de la retrospección, en tanto que ésta es un fenómeno reflexivo- crítico, un ejercicio de política democrática en la que el individuo maximiza beneficios y busca los mejores medios para alcanzar fines, es decir, es plenamente racional, una cosa completamente distinta es la presencia de variables diversas que no son integradas en el análisis del texto de Achen y Bartels.

El hecho de que aíslen los efectos de la naturaleza sobre el comportamiento electoral de los ciudadanos, representa en sí mismo, una miopía retrospectiva analítica, me explico, al momento de analizar las repercusiones de la influenza de 1918, obvian los efectos electorales de la participación de los Estados Unidos en la Gran Guerra, y de igual forma la victoria estadounidense en dicho conflicto, y con esto no es el mío deseo el de afirmar que exista una correlación positiva o negativa, sino que simplemente es pertinente incluir en el análisis dicha variable. Con esto, Achen y Bartels lo único que demuestran es su limitante cognitiva humana.
La definición de retrospección ciega representa una contradicción en sí misma en el análisis, en tanto que la definición se siente atraída y repelida al mismo tiempo con la teoría del voto retrospectivo y no es una crítica en el sentido progresivo en el análisis, sino que representa la afirmación de que los individuos cuentan con la habilidad de realizar el cálculo del cambio en su propio bienestar, causado ya sea por política o naturaleza.

En las conclusiones del texto, resulta que puede o no ser que el votante castigue por algún desastre que escapa a la jurisdicción y posibilidades del gobernante o tomador de decisiones, puede o no que se castigue por las acciones ineficientes de prevención, y/o puede o no que se castigue por las acciones posteriores a la acción ajena.

La conclusión del carácter comunitario del individuo se torna importante al momento de hacer el análisis de los tiburones y de la influenza en el texto. Mientras que en el primer caso si existe un castigo, en el segundo, los autores argumentan una responsabilidad cívica y por tanto un premio al incumbent, esto, sin tomar en cuenta factores de política exterior como lo apunto líneas arriba, pero en fin, me quedo por lo pronto en este caído y “accidentado” análisis (como el semestre) con el caso de los tiburones para retomar la argumentación de las acciones previas y posteriores a la epidemia de la influenza intentando tomar como incumbents al gobierno federal mexicano, al gobierno de la Ciudad de México y al gobierno del Estado de México, y hablar un poco sobre las repercusiones en los votantes y sus decisiones.

Comenzaré por definir a la epidemia de la influenza como un desastre biológico que escapa a las capacidades de toma de decisión de los gobernantes, rebasa a las decisiones de política gubernamental, y supondré por tanto que no es ocasionada por las personas que ocupan cargos públicos.

Las decisiones de política pública en todos los ámbitos de gobierno, resultan dentro de las actitudes y aptitudes de las personas que ocupan los cargos públicos, por lo que las acciones de prevención y de reparo de daños competen a las autoridades.

Sin un ciudadano pensara que la influenza fue causada por los extraterrestres, por el gobierno de los Estados Unidos y/o por Felipe Calderón y sus secuaces, no le denotaría ni de irracional ni de ignorante, como algunos otros analistas y críticos lo han hecho o harían, sino simplemente me abocaría a comprender el análisis de pérdida en su bienestar dado el cálculo que ha realizado, el cual se tornaría más interesante si premiara o castigara al partido que gobierna en su comunidad el 5 de julio, más este hecho escapa al supuesto apuntado con anterioridad por lo que lo mantendré al margen apuntando únicamente que no se trata de un individuo irracional, sino todo lo contrario.

Las competencias de las autoridades en el gobierno para con las acciones correspondientes a la epidemia del virus A H1-N1, podrán ser castigadas o premiadas en las elecciones del 2009, mediante el ejercicio del voto en abstención, anulación, voto favorable a sus partidos o voto desfavorable a sus partidos.

Sin afán de generalización ni idealización de los ciudadanos en una democracia, atenderé a denotarles como individuos racionales inmersos en una dinámica social relativamente reducida en donde realizan el cálculo en el cambio en su bienestar, ocasionado en este texto por tres elementos: política, economía y naturaleza.

El elemento de política es todo aquello que está en la órbita de decisión del gobierno. El elemento de economía es todo aquello relacionado con el ámbito económico y que escapa a las políticas económicas del gobierno, como por ejemplo la crisis económica originada por la desregularización e irresponsabilidad de las autoridades estadounidenses en el mercado crediticio, o el aumento en el precio del tomate. El elemento de naturaleza, como lo supuse líneas arribas, será la transitoria epidemia virológica.

Para continuar con el análisis de las repercusiones de la epidemia en las decisiones electorales, supondré que el entendimiento por parte de los votantes de que la epidemia no fue originada por el gobierno no es importante, por lo que rompo con el análisis de Achen y Bartels, y si, los que piensan que fueron los extraterrestres son racionales. La retrospección, en tanto ejercicio crítico racional dependerá de las circunstancias particulares de la existencia individual y particularmente en el análisis político, de la relación que ésta guarda con las actitudes y aptitudes políticas a lo largo de la vida o en un intervalo de tiempo determinado.

Si los votantes le atribuyen la reducción en su bienestar, sea como sea éste, a través de desempleo, mayor cantidad de basura en su colonia, aumento del precio de los tapabocas, aumento de las horas de clase, reducción del período de exámenes finales, al gobierno por distintas circunstancias, las políticas públicas de prevención no tendrían ninguna repercusión en las preferencias electorales del votante. El votante llega al momento de la contingencia epidemiológica con una carga negativa para con la autoridad gubernamental. Se puede decir, que se ha evaluado negativamente por parte del electorado a las políticas públicas generales (no únicamente las referentes a salud pública) con repercusiones focalizadas individualmente, el castigo será inevitable si el día de las elecciones es inmediatamente después o durante la epidemia. Mi argumento lo sostengo de manera inversa para aquellos que han visto un aumento en el cálculo de su bienestar con el actual gobierno. Aquí quiero notar que ni las políticas públicas previas ni la contingencia han afectado las decisiones del votante dado que ya ha realizado el cálculo de cambio en su bienestar. Si llega la epidemia, y no se cuenta con trabajo por la crisis económica tras la promesa del presidente del empleo, la evaluación es ya de por si negativa, el cálculo ya ha sido realizado.

La única forma en que se evalúe al gobierno, es en base a un cambio en el nivel de bienestar. Podría existir una reducción en el nivel de bienestar del votante causado por la epidemia, debido a afectaciones en su calidad de vida, ya sea desempleo, tener a los niños en la casa, etc. El gobierno intervendría a través de políticas económicas y sociales para aminorar los daños en el bienestar ocasionados por la epidemia siempre y cuando los individuos y la sociedad lo demandaran. Ante un aumento en la demanda de políticas públicas y una posible inacción del gobierno posterior a la epidemia, la evaluación del gobierno sería negativa, y por tanto castigada en las elecciones intermedias del 2009. Los partidos que ocupan cargos de administración pública en los distintos niveles serán evaluados conforme al signo en que actuaron después de la crisis sanitaria, es decir, conforme a sus políticas particulares emprendidas.

Las autoridades locales, estatales (y de la Ciudad de México), federales y los empresarios han comentado que el sector más afectado por la epidemia es el turístico por lo que se han lanzado programas de apoyo al sector para reactivar la economía, esto en el contexto ya decaído de la crisis económica global. La evaluación de las autoridades y de sus partidos será positiva en la medida en que puedan compensar la pérdida en el bienestar de los votantes cuyo día a día depende del crecimiento del sector. Es un hecho que ha habido una caída en el bienestar de grupos de votantes cuya actividad económica y social fue afectada por la epidemia, la comparación con el caso en el artículo con la influenza de 1918 se hace imposible dado que se hace en base a muertes, y aquí en cuestión de la variación general del bienestar del votante.
El impacto dividido en cuanto a incumbents de distinta filiación partidista, como se apuntó, dependerá de la compensación en el nivel de bienestar mediante políticas públicas, como por ejemplo en relación al sector turístico, y al cálculo del cambio en bienestar previo a la epidemia y que depende de otras variables, como por ejemplo la crisis económica (desempleo) y la lucha contra el narcotráfico. Las ventajas comparativas en cuanto a temáticas de política pública se verán plasmadas en las campañas electorales, y cada partido intentará resaltar sus acciones en el gobierno y las ineficiencias de los otros partidos en el cargo. Las políticas públicas de compensación en pérdida de bienestar son diferenciables en cuanto a partidos y nivel de gobierno, ya cada partido en el gobierno y en distintas regiones del país han lanzado las propias, habrá que ver si un mes es tiempo suficiente para ver los resultados. Aunado a los sismos en días previos, la epidemia de la influenza se suma a una larga lista de issues negativos en la República, ya sean ocasionados o no por elementos políticos, económicos o naturales. La atribución de culpa puede verse pobremente reflejada en las elecciones intermedias, dado que en diversas comunidades las tres primeras fuerzas políticas del país gobiernan en los tres niveles, la culpa podría o no distribuirse de forma equitativa, más el peso de la valoración del gobierno previo a la epidemia y posterior en otros temas será lo que varíe la preferencia electoral en mayor medida, es decir, el impacto de la influenza en la valuación del incumbent a través del cálculo de la variación del bienestar del votante resultará marginal en relación a las demás problemáticas nacionales y locales que afectan individual y directamente al votante mexicano en este crítico 2009.

No hay comentarios:

Publicar un comentario